Feria del Guarapo, patrimonio de Capinota

 

Puedes sentir el aroma dulce en el aire. Puedes sentir esa brisa cálida que nos envuelve en un momento intacto y nos permite encontrarnos, con la tierra, con la uva, con la música de nuestros corazones encendidos.

Cada año acudimos al llamado de una fiesta que nos transporta en el tiempo y mueve la esencia misma de nuestra identidad cultural, de nuestras raíces y de nuestros instintos.

Hoy es la feria del Guarapo y se empieza a sentir una atmosfera cálida que huele a tierra húmeda y a uva recién pisada. Suena la música y puedes ver cantaros adornados con flores mientras cateas jugo de uva negra macerada con una danza de sabores, aromas y texturas.

El centro del pueblo es el lugar de encuentro de amigos, vecinos, paisanos y desconocidos. Viejos, jóvenes y niños. La plaza de Capinota es el alma de una fiesta que nos conecta con lo antiguo de nuestra memoria y nos recuerda que somos uno.

Mientras paseas por las calles de Capinota puedes ver que el pueblo se prepara para la gran fiesta. En la plaza se preparan los puestos de venta de guarapo y exquisiteces culinarias típicas del valle. Después de un lambreado de conejo, y después de haber cateado las tres variedades de guarapo. me animo a darle mi primera jarra de uva negra.

Son las cuatro de la tarde y suena el temple endiablado del charango de don Bony Alberto Terán. La plaza empieza a hervir. El guarapo nos ha poseído. Suenan la zapateada y las palmas. Empezamos a bailar.

La plaza está repleta. El guarapo de uva blanca de doña Alejita es lo mejor del universo. Mientras los jóvenes dan vueltas en la plaza, algunos ya se parquearon en alguna esquina o en frente del Quiosco, que es el escenario ideal para fundirse con la gente.

Con el atardecer se evaporan los complejos y los miedos, estamos ardiendo en una fiesta que nos muestra casi transparentes. Todos nos conocemos.

Las K`ochalitas hacen volar sus polleras multicolores mientras nos sumergimos cada vez más en la noche y en los encantos del guarapo. Sapateadito! Sapateadito! La noche nos envuelve y nos desenvuelve. La plaza tiene vida propia.

Aún tenemos pies para irnos. Fue un día grandioso. Nos vimos, nos reconocimos, nos recordamos, nos integramos. Disfrutamos de este elixir tan alucinante como la vida misma. Fuimos uno mientras duro la fiesta. Todos fuimos Capinoteños y no importó nada más. Al año nos volveremos a encontrar y volveremos a compartir los frutos de la tierra. De nuestra tierra.

Recorriendo los hermosos parajes de mi pueblo, sintiendo el aroma de la tierra y la fragancia de las frutas, se pueden ver largos tallos de uvas que, enroscándose en los molles se prestan a deleitarnos con sus colores y texturas. Tradicionalmente en Capinota se cultivan cuatro variedades de uva. Entre las cuales están la Negra, Rosada, Blanca y Morada, conocidas también con el nombre de uvas misioneras, ya que en época de la Colonia, fueron los colonizadores quienes introdujeron estas variedades en este valle que durante esa época correspondía al repartimiento de Paria.

Ya pasó el carnaval, los árboles frutales se empiezan a pintar y empezamos a pensar en la Feria del Guarapo.

Una manifestación cultural que tiene sus inicios en la época de la colonia, donde los colonizadores instalaron la industria más moderna de la época, los Molinos, que con la fuerza del agua movían enormes piedras, y se encargaban de la molienda del trigo y otros granos. Estos Molinos se extendían desde: Sicaya, Palermo, Irpa Irpa hasta Capinota. En Capinota, el molino de seis paradas que trabajaba durante todo el año, descansaba en semana santa. Esta era la fecha en la que “Todos los estantes y habitantes del pueblo” tenían que salir a limpiar la acequia principal que después de pasar por el molino, irrigaba los campos de cultivo y huertas de todo el pueblo. Para esa ocasión salía el Guarapo. Un delicioso brebaje macerado, elaborado con la producción vitícola de la región que saciaba la sed de los asistentes al “Lark´a Allay” (limpieza de Acequia) y quienes recibían como T´inka los mejores guarapos y deliciosas comidas en una celebración cultural que mezclaba lo productivo, lo social y lo festivo.

La elaboración del Guarapo Capinoteño empieza con la cosecha de la uva que se hace faltando una semana a 10 días antes de pisar. La uva se exprime al máximo extrayendo todo el jugo posible.

A este jugo se le denomina caldo de uva. Tradicionalmente este jugo se lo almacena en cántaros hechos de barro, que al cerrarlos herméticamente, empiezan a macerar el jugo de uva. La cascara sirve para extraer el color del fruto, que otorgará las características particulares al guarapo. El cántaro se abre pasando 15 a 21 días.

El resultado es el Guarapo Capinoteño, una bebida alcohólica macerada, que además de tener un sabor incomparable, cálido y dulce nos permite conectarnos con la tierra, la naturaleza y nuestro entorno.

La feria del Guarapo Capinoteño se realiza cada año en el domingo de pascua. Es en esta fecha y durante uno a dos meses más como máximo, que se puede disfrutar de este maravilloso elixir. Si bien la Feria del Guarapo Capinoteño se realiza desde hace poco más de 20 años, ésta fue adquiriendo una nueva connotación simbólica a través del tiempo.

Ya que no solo se trata de una actividad netamente cultural relacionada a la producción agrícola, sino que también se ha convertido en parte de la identidad cultural de un pueblo, que a través del tiempo supo darle nuevos significados colectivos, y pasó a ser considerado Patrimonio Cultural de Capinota.

Desde la Lark´a Allay de antaño, hasta la Actual Feria del Guarapo, Capinota ha sabido mantener y compartir una tradición que se remonta hace cientos de años, y que es parte de la herencia cultural de todo un pueblo, que espera compartir con todos y todas, su sabor, calidez y cultura.

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